Cincuenta mil becas. Ese fue el número que nuestro presidente Nayib Bukele puso sobre la mesa el domingo pasado en el estadio Jorge «El Mágico» González, frente a un graderío lleno de bachilleres de institutos públicos de todo el país.
Y no las anunció como el techo, sino como el piso. «Estas 50 mil becas son solo para este año; para el otro año vienen más y más y así sucesivamente hasta que todos los jóvenes salvadoreños tengan la oportunidad de estudiar», dijo el presidente. Ahí está la diferencia entre un regalo y una política.

Qué cubre la beca y quién puede optar
Las becas son para estudiantes de último año de bachillerato de institutos nacionales que cumplan los requisitos. No amarran a nadie a una carrera: se puede escoger universidad, carrera técnica o curso vocacional, en modalidad presencial, semipresencial o virtual.
- 35 universidades del país se sumaron al programa; hace unos años el país tenía diez.
- Hay becas gestionadas en el extranjero, a través de Cancillería y la Dirección de Integración.
- Alcanza a estudiantes de zonas apartadas: las islas del Golfo de Fonseca y las regiones fronterizas.
Cómo se opta: el proceso, paso a paso
Aquí está lo que casi nadie contó y es lo que de verdad le sirve al estudiante. La beca no cae del cielo por estar en último año: hay un camino, y ya está andando. Se llama Proceso Formativo y lo lleva la Dirección Nacional de Integración.
El corazón del asunto es el refuerzo académico: veinte semanas de clases los sábados, cuatro horas, concentradas en Lenguaje y Matemática, con una evaluación al entrar y otra al salir. Más de 38 mil estudiantes ya están metidos en ese proceso. A eso se le suman charlas, ferias universitarias, visitas a campus, capacitaciones en empresas, actividades artísticas y un curso que se llama «ADN de la pobreza y de la cultura de la integración».
Y ojo con esto, porque es la parte que más se malinterpreta: las becas no son automáticas. «Esto no es un regalo, tienen que trabajar y conquistar esos sueños», dijo Alejandro Gutman, presidente ad honorem de la Dirección Nacional de Integración. Los requisitos cambian según la ruta que se escoja.
| Requisito | Universidad | Escuela técnica | Curso vocacional |
|---|---|---|---|
| Actividades del proceso | 6 | 4 a 5 | 2 a 3 |
| Asistencia al refuerzo | 80 % | 50 % | — |
| Nota en Lenguaje y Matemática | 7.0 | 6.0 | — |
| Nota en el curso ADN | 8.0 | 5.0 | 5.0 |
| Horas de voluntariado | 21 | 15 | 10 |
Léase de otro modo: la exigencia sube con el destino. Para entrar a la universidad hay que llegar a 7.0 y a 21 horas de voluntariado; para una escuela técnica, la vara está en 6.0 y quince horas; para un curso vocacional, en el ADN y diez horas. Cada ruta tiene su puerta, y no todas piden lo mismo.
Qué se puede estudiar, y por cuánto tiempo
Las tres rutas no son lo mismo ni duran igual. Las universitarias son carreras de cinco años o más —licenciaturas, ingenierías, arquitectura— y también técnicos de dos a tres años en instituciones especializadas. Las técnicas van de uno a tres años. Los cursos vocacionales son los más cortos: de tres a doce meses.
La oferta no es un folleto de cuatro carreras: son 307 opciones en 37 universidades y escuelas técnicas del país. Y el estudiante puede postularse a hasta cuatro carreras en tres universidades distintas, así que conviene llevar un plan A, un plan B y un plan C, no una sola apuesta.
Las tres fechas que no se pueden perder
- 19 de septiembre: es el plazo límite del proceso. Lo que no esté hecho para esa fecha, no cuenta.
- 29 de septiembre: se entregan las certificaciones. Con ese papel en la mano se aplica a la institución.
- 48 horas: si te admiten, ese es el plazo máximo para arrancar la inscripción. No es una semana. Son dos días.
Esa última es la que más gente va a dejar botada por no saberla. Si te llega la admisión un jueves, el sábado ya se te venció. Tené los papeles listos antes, no después.
La selección final, además, la hacen las propias universidades y escuelas técnicas. La certificación te habilita para competir; no te sienta en el pupitre.
Lo que ya lleva andado el programa
Estas 50 mil no son el estreno. Más de 16 mil jóvenes ya han recibido beca universitaria por esta vía, y la proyección es cerrar 2026 arriba de los 20 mil. O sea que el sistema ya estuvo en pruebas con miles de estudiantes antes de este anuncio, que es la diferencia entre una promesa y una máquina que ya está funcionando.
Y un consejo de la casa, que nunca sobra: el trámite va por tu instituto. Si alguien te aparece ofreciendo «gestionarte» la beca a cambio de un pago, ese no es del Gobierno, es un vivo.
El pisto que hay detrás
«Vamos a pasar a una inversión de más de US$3 mil millones al año, que es tres veces de lo que se invirtieron Gobiernos anteriores», anunció el presidente. Eso es más del 8 % del producto interno bruto, y lo dijo sin medias tintas: «No habrá ningún solo país en toda Latinoamérica que invierta un presupuesto más alto en educación que El Salvador».

Para dimensionarlo: el presupuesto de Educación de este año anda en $1,683.4 millones. Pasar a $3,000 millones es casi el doble de lo que se está gastando hoy, no un ajuste de esos que se notan solo en la hoja de cálculo.
Los $100 millones que puso el BID salen a $2,000 por beca. Y esa es solo una de las fuentes.
Ese préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo es el que le pone piso largo al programa: no es plata para un año y hasta ahí, es para que el chorro no se seque cuando pase el aplauso.
Esto no salió de la nada
Las becas caen sobre un terreno que ya venía trabajado: el programa Dos Escuelas por Día, que ha ido entregando centros escolares remodelados por paquetes de 70, y la entrega de computadoras y conexión a internet en las escuelas públicas. Primero el edificio y la herramienta; ahora la puerta de la universidad.
Ese orden importa. Una beca para un cipote que estudió doce años en un aula sin techo y sin computadora es media beca. Esta cae sobre una generación que ya tuvo con qué.
Lo que sigue, y lo que te toca a vos
Si estás en último año de bachillerato en un instituto público, esto es literalmente para vos: preguntá en la dirección de tu centro, averiguá qué requisitos te piden y andá pensando qué querés estudiar, porque el 29 de septiembre no es fecha para andar decidiendo.
Y si ya pasaste esa edad, contale a alguien que sí esté. La beca que no se pide se la gana otro, y en este país hubo demasiados años en los que no había ninguna que pedir.
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