El 28 de febrero, cuando el estrecho de Ormuz quedó minado y cerrado, medio mundo dio por hecho que el petróleo se iba a ir a las nubes y ahí se iba a quedar. Seis meses después el estrecho sigue cerrado, y el barril de Brent cerró la semana en $89. Menos que en marzo, menos que en junio.
No es que el problema se haya resuelto. Es que el mundo se acomodó: sacó petróleo de las reservas, mandó los barcos por el otro lado de África y aprendió a gastar menos. Vale la pena entender cómo, porque de ahí sale el precio que pagás en la bomba.
Qué es Ormuz y por qué el mundo se paró en seco
Ormuz es un canal angosto entre Irán y Omán por donde salía al mar buena parte del petróleo del Golfo Pérsico. No es un detalle de mapa: por ahí pasaba una quinta parte de todo el crudo del planeta. Veinte millones de barriles al día. Unos 140 buques diarios.
El 28 de febrero, después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, la Guardia Revolucionaria respondió sembrando minas en el canal y reteniendo barcos. El tráfico se desplomó. Hoy cruzan cerca de 2.7 millones de barriles al día: un 86 % menos. Las cuentas de cuántos buques pasan varían según quién las haga —entre dos y diez—, pero todas apuntan a lo mismo.

El golpe se sintió de un solo. El Brent, que venía cerca de los $72, se disparó a $126, un 64 % arriba. Algunos cargamentos físicos se llegaron a pagar a $150. Y las proyecciones de crecimiento del comercio mundial de mercancías se cayeron del 4.7 % al 1.5 %.
Por qué el barril bajó si el estrecho sigue cerrado
Aquí está lo interesante, y es la parte que casi no se cuenta. Pasaron cuatro cosas al mismo tiempo:
- Se abrieron las bodegas. La Agencia Internacional de la Energía coordinó la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas entre 32 países. Es la respuesta de emergencia más grande que se haya hecho.
- Se buscó la puerta de atrás. Los oleoductos de Arabia Saudí y Emiratos que se saltan el estrecho alcanzan a cubrir alrededor del 35 % de lo que pasaba por ahí. No es todo, pero no es poco.
- Los barcos se fueron por África. Rodear el cabo de Buena Esperanza agrega de 10 a 14 días de viaje y entre 40 y 50 millones de dólares por semana a cada flota. Caro, pero el petróleo llega.
- El mundo consumió menos. Cuando el combustible se pone caro, la gente y las fábricas recortan. Eso también baja el precio, y es la parte que nadie celebra porque significa menos actividad.
El costo de ese acomodo está en los inventarios: los países de la OCDE llevan 240 millones de barriles menos desde marzo, el nivel más bajo desde 1990. El colchón quedó flaco. Y la capacidad de exportación del Golfo sigue un 36 % debajo de lo que era, según Goldman Sachs.
El barril bajó de $126 a $89, pero el año sigue 44 % arriba. Lo barato de hoy es caro comparado con enero.
Ese es el matiz que conviene no perder. El Brent acumula un alza del 44.6 % en lo que va de 2026: empezó el año cerca de los $62 y hoy anda en $89. Que haya bajado desde el pico no quiere decir que estemos donde estábamos.
En Europa ya se nota: la inflación de la eurozona pasó del 1.9 % en febrero al 2.9 % en julio. Y la Reserva Federal de Dallas calculó que un cierre prolongado podía restarle 2.9 puntos al crecimiento mundial, un golpe «de tres a cinco veces más grande» que los sustos geopolíticos anteriores.
Esta semana sí se movió algo
El martes, en Teherán, el canciller de Omán Badr al Busaidi y el iraní Abbas Araqchi anunciaron un plan por fases: un corredor marítimo conjunto y temporal y un proyecto compartido de desminado. Los barcos que entran irían por aguas iraníes y los que salen por omaníes, en un pasillo de siete millas náuticas —once kilómetros—. La ruta del sur, la que controla Estados Unidos, quedaría cerrada.
Antes de que alguien se emocione, el propio Gobierno iraní puso el freno. El viceministro de Exteriores Kazem Qaribabadi lo dijo sin adornos: «Este acuerdo no significa la apertura inmediata del estrecho de Ormuz a partir de mañana».
Teherán pone tres condiciones para abrir de verdad: que le levanten todas las sanciones, que se acabe la guerra en todos los frentes —Líbano incluido— y que se resuelva el bloqueo de Yemen. Ninguna se firma en una semana. Irán y Omán se dieron de 30 a 60 días para negociar la ruta permanente: la fecha que hay que anotar cae en octubre.
Y esto, ¿en qué se siente aquí?
En El Salvador los precios de referencia de los combustibles los fija cada quince días la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas. El 4 de agosto subieron $0.17 por galón. Del 18 al 31, no se movieron ni un centavo: la especial quedó en $4.91 en la zona central y $4.92 en occidente y oriente, la regular en $4.58 y $4.59, y el diésel en $4.59 en todo el país.
La DGEHM explicó que en esa quincena pesaron los ataques hutíes contra refinerías saudíes y los golpes ucranianos a la infraestructura petrolera rusa, y que aun así el manejo del mercado interno sostuvo el precio. Traducido: afuera todo se movía y aquí la bomba se quedó quieta.

En la comparación del 30 de junio, el galón de superior andaba en $4.66 aquí, contra $6.55 en Costa Rica. Guatemala y Panamá salen más baratos que nosotros, así que no somos los primeros de la clase; pero un tico paga casi dos dólares más por el mismo galón, y ese es pisto que sale de la misma quincena.
Detrás de esa estabilidad hay decisiones concretas del Gobierno del presidente Nayib Bukele, y conviene tenerlas claras porque son las que amortiguan el golpe cuando el mundo se descompone:
- El gas licuado, con techo hasta mayo de 2027. El Decreto 592 rige del 1 de junio de 2026 al 31 de mayo de 2027 y pasó con 59 votos de 60, con apoyo de todas las fracciones. El mecanismo es simple: cuando la cotización internacional se pasa del techo oficial, el Estado paga la diferencia.
- Multas a quien abuse en la cadena. La ley especial que permite inspeccionar y sancionar a distribuidores de combustible y de gas se prorrogó del 1 de julio de 2026 al 30 de junio de 2027. Las multas van de $500 a $100,000, y de $10,000 a $100,000 si el cilindro viene con menos gas del que dice.
Lo que hay que ver en los próximos dos meses
Los bancos grandes —Bank of America, Barclays, JPMorgan— calculan que si el bloqueo aguanta tres meses más, el barril se mueve entre $120 y $150. Son escenarios, no pronósticos, y el mercado ya demostró este año que se equivoca en las dos direcciones.
Lo que sí se puede seguir sin ser analista: esa ruta permanente, y si Washington y Teherán se sientan. El canciller iraní dijo esta semana que retomar las conversaciones «no es imposible» si Estados Unidos reconoce los derechos de su país. Con las elecciones de medio término en noviembre, ninguno tiene prisa por ceder primero.
Y de este lado, dos cosas prácticas. Los precios de referencia se publican cada quince días: si el 1 de septiembre te cobran distinto de lo que anunció la DGEHM, ahí hay algo que no cuadra. Y el cilindro de gas tiene techo por ley hasta mayo del otro año, así que quien te cobre de más se expone a una multa de hasta $100,000.
La lección del año es esa: un canal de once kilómetros al otro lado del planeta decide cuánto te cuesta llegar al trabajo. Lo que cambia es cuánto de ese golpe llega hasta tu bolsillo, y eso sí se decide más cerca de casa.
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